domingo, 4 de mayo de 2008

Canción del Fénix (dedicada a Renard, mi gran amigo)

No te pienses, mi Vida, que me voy y te dejo.
Tan sólo que me ausento a fin de mejorar.
Y verás que a mi vuelta encontrarás, sin duda,
a un hombre nuevo y libre a quien poder amar.
Ni tan siquiera pienses que me voy por tu culpa.
Me voy de motu proprio; me lo pide mi Ser.
He de regenerarme si quiero conquistarte.
He de sentirme otro si te quiero querer.

Eres lo más preciado que tuve en mi pasado.
Eres de mi presente, parte fundamental.
Pero si en el futuro, yo quiero mantenerte,
he de borrar aquello… aquello que hice mal.

Tú nunca me has fallado. ¡Eso tenlo muy claro!
Si alguien aquí ha pecado, sin duda, ese fui yo.
Y cuando considere que mi pena he pagado,
me acercaré a tu lado y te daré mi Amor.
Si te quieres quedar, te acogeré en mis brazos,
te cubriré de besos; te daré mi calor,
pero si no quisieras cogerme de la mano,
comprenderé tu marcha sin guardarte rencor.
Porque el rencor se tiene con quienes te han herido,
disfrutando y gozando con provocar dolor,
pero ése no es tu caso, lo sé, pues te conozco,
por eso te he querido con todo el Corazón.

Y si, pasado el tiempo, te viene mi recuerdo
y te atormenta el hecho de no volverme a ver,
mis brazos amorosos siempre estarán dispuestos
a asirte hacia mi pecho dándote mi querer.
Tan sólo algo te pido… que espero me concedas,
y es que nunca te olvides del Amor que te di,
pues así, en la distancia, te sentiré a mi lado,
como si no te hubieras ido lejos de mí.

Y en mi lecho de muerte quiero que sean tus besos,
los últimos que sienta antes de aquí marchar,
pues con el Alma limpia ya no tendré más miedo,
y junto al Dios del Cielo por ti yo he de velar.